Josefina Plá





Josefina Pla

Poeta, dramaturga, narradora, ensayista, ceramista, crítica de arte, pintora y periodista.



Isla de Lobos, Canarias - España
1903 - 20/01/1999





TODO COMENZÓ EN EL ESPEJO




Todo comenzó en el espejo.
En la palma indiferente del agua
La nube fingió islas, cimientos el arco iris.
Todo comenzó en el espejo.
En el cielo engañifa de la charca
La rama empolló el huevo de la luna;
Cosió el pájaro un velo con costura perdida.

Todo comenzó en el espejo.
La estrella guiñó mintiendo al pez incauto;
La Luna escribió música que no despertó a nadie.

Y en el espejo una mañana
Reconoció el viajero su secreto fantasma,
Se vio pómulo y sien,
Pupilas de agua para siempre cautiva,
Frente como una lápida de sí mismo.
Se vio por fuera, se olvidó por dentro.
Y comenzó a clasificarse
Según color y pelo.

Y los amantes murieron por él dos y tres veces,
Y los viejos gustaron anticipada la agonía,
Y el hombre del color perdió patria y amigos,
Y la belleza vendió a su esposo el sueño.

-Todo comenzó en el espejo-.





EL VIAJERO




Y, de pronto, el viajero
Surgió. Sobre el sendero
Sus pies dejaban pálido,
Fosforescente reguero.

Vio mi mano en oferta,
Y dijo: -¿Es para mí?-
Yo no sé si despierta
O en ensueños le oí.

Extasiado, mirándole
Los ojos, se lo di.
¡Poder no pensar,
Poderse abandonar,
Como el pétalo al viento,
Como al fuego el sarmiento,
Como la astilla al mar!

Caminito escondido
Caminito escondido
Que te embozas en sombra
Y con grama te alfombras,
Y al silencio haces nido:

Caminito escondido:
Eres humilde y breve,
Y tu surco es muy leve
Entre el bosque tupido.

Medio sol de mañana,
Un poquito de luna,
Un hilo de fontana,
Son toda tu fortuna.

¡Poco tienes, sendero
Enflecado de sauces,
Mas tú sabes, camino,
Que breve, pobre, austero,
En sombra, eres el cauce
De un designio divino.

También yo sé, camino
Que, aunque corto y umbroso,
Te vio el dolor celoso
Y el amor adivino;

Que alguna vez, acaso,
Pudo encontrarte al paso
El hada de la suerte,

Y que, en noche sombría
O en el claror del día,
Te sabrá hallar la muerte!





SUEÑO




Sueño que fuiste impulso de mi latido,
Y alas en mi anhelar:
Te mata la vida que nutriste,
Como la flor el fruto nacido de sus galas.

Afán que me hechizaste de tan triste,
Pensamiento clavado
En mis frágiles pulsos; estilete sutil:
A esa punta que hincaste pereces, traspasado.
Loco sueño disuelto en mi sangre febril:
¡Esa sangre te ahoga!

Morir te miro, ensueño
Que fue yo toda -como fue tronco toda hoguera,
Y charco toda nube-, en un trasvasamiento
Imperceptible, blando, como un deshojamiento de rosa,
En un temblor de atravesada mariposa.

Morir te miro, ensueño,
Como el árbol mirara arder el vicio leño
Cortado de su rama, o pudrirse la hoja
De cuyo muerto libre saldrá la yema roja.
Morir te miro, ensueño,
Y tu postrer tristeza es ya casi alegría,
¡Y tu último suspiro es ya casi esperanza!

Hoja muerta, que vuelves a la tierra madura:
¿En qué capullo nuevo, húmedo de ternura,
Renacerás mañana, ensueño en agonía?

Fuimos, en sueños compañeros
Fuimos, en sueños, compañeros:
La vigilia no nos unió.
¡Sólo en los sueños traicioneros
Su pie a mi paso se ajustó!

Labios gemelos en el ansia:
¡No unisteis nunca vuestro ardor!
Pupilas, astros de constancia:
¡Nunca rimasteis un fulgor!

Jamás las diestras se estrecharon;
Los labios sedientos no hablaron;
Pero el juramento existió.

Nunca las bocas se besaron;
¡De los besos que no quemaron,
Brasa fue el doble corazón!





EL SONETO DE TU VOZ




Blanda en mi entraña, como tibia lluvia,
Beso aplastado corazón a vena;
Tiembla en mis ojos, como sol en río
Tañe en mis pulsos dolorida plata.

Pincel que te dibuja estremecida
Rama en el agua azul de mis anhelos
Pasa por mí, y se lleva mi dulzura
Como un rayo de luz que fuese abeja.

Ave a quien le nací con viento y nido,
Su ala sabe el curso de mi arroyo,
Y en el ángulo agudo de su vuelo.

-Punta de corazón hiriendo en flecha-
Una gota de sangre nueva siempre
Recarmina las rosas del deseo.





DESDE CUÁNDO




¿Desde cuándo marchabas a mi lado,
Desde cuándo tus pasos?
¿Desde cuándo, en la noche, aproximándose,
Ocultos tras de cada latido? ¿Desde cuándo?

¿Desde cuándo, en la noche, por los valles sin nombre,
Rastreando mi angustia?
Y tras de cada puerta abriéndose, y de cada
Recodo el camino, ¿desde cuándo?

¿Desde cuándo tus sienes en las salvias
Del reposo tranquilo?
¿Desde cuándo tus brazos en los cálidos ramos
Del viril eucalipto, bajo las siestas altas?

¿Y desde cuándo el pedregal desnudo;
Desde cuándo el desierto irredimible?
¿Desde cuándo la brasa los párpados;
Esta sed, desde cuándo?

¿Desde cuándo este siempre irrevocable;
Esta muerte creciendo, desde cuándo?





TUS MANOS




De las más hondas raíces se me alargan tus manos,
Y ascienden por mis venas como cegadas lunas
A desangrar mis sienes hacia el blancor postrero
Y tejer en mis ojos su ramazón desnuda.

En mi carne de estío, como en hamaca lenta,
Ellas la adolescente de tu placer columpian.
-Tus manos, que no son. Mis años, que ya han sido.
Y un sueño de rodillas tras la palabra muda-.

Dedos sabios de ritmo, unánimes de gracia.
Cantaban silenciosos la gloria de la curva:
Cadera de mujer o contorno de vaso.

Diez espinas de beso que arañan mi garganta,
Untadas de agonía las diez pálidas uñas,
Yo los llevo en el pecho como ramos de llanto.





CONCEPCIÓN




Me tendrás a tu lado. Me besarás. Y luego,
Como al moreno cántaro que espera al fin del surco,
A mi sumiso cuerpo se alargarán tus brazos.
Se saciará tu sed: la exigua sed de un hombre.

De mi lecho después, en largas madrugadas
Hacer creerás el blanco camino del olvido.
Y sin embargo, ciego piloto de mi entraña,
Conmigo habrás llegado por una noche sola,

A la encantada playa donde no está tu muerte.
Por el nocturno río caliente de mi sangre
Irán tus ojos lejos, para jamás volverse,
Tu voz prenderá en roca para perennes ecos.

Tú no lo sabes, hombre, tú no lo piensas, ciego.
Esta noche mi cuerpo será, ¡oh antiguo nauta!
El puerto de que zarpen las naves de otra aurora.





EL AMOR REALIZADO




El amor realizado es un sorbo de muerte
Que nos pasa los labios, que se filtra en las venas.
El alma que nos cambia es más ancha y vacía:
Más triste y más sedienta, la boca que nos deja.

Dentro del corazón alargase una sombra
Cada vez que los labios su antiguo vaso llenan.
El amor realizado aguza en nuestros ojos
Del imposible anhelo la trémula saeta,
Y es paso que prolonga, en cruel hechizo mágico,
Ante la planta laxa la cansadora meta.

Amor: perfecto guía para ir al encuentro
Del dolor apostado al fin de cada senda.





TAN SOLO




Tan solo una mirada,
Una pupila sólo para todas las cosas.
Para la aurora y el ocaso,
Para el amor y el odio,
Para el amante y el verdugo,
La paloma y la víbora,
La estrella y la luciérnaga.

Solamente unas manos
Para el cáliz y el látigo,
Para la rosa y para el cacto.
Solamente unas manos
Para la arena y el rocío,
Para mecer la cuna,
Y acariciar la sien del esperado,
Y abrir el último agujero.

Una boca tan solo
Para el beso y el grito
Y para la oración y la blasfemia.
Para el suspiro y la mentira,
Para el perdón
Y la condena.

Y tan solo una sangre
Para escuchar el tiempo,
Para regar los sueños,
Para comprar la herida y la agonía,
Y destilar las lágrimas.

Ah, tan solo una sangre
Una boca, unas manos,
Una mirada sólo.





SUEÑO DE SUEÑOS




Secreta noche herida de menguante
Cae donde no hay agua ni tierra.
Marcha a cortar el filo de la luna,
Mis raíces, que están donde no estuve.

Traerán mi corazón, negra violeta
Que se durmió en la orilla de otro sueño.
Lo he de llamar y no sabrá su nombre.
Me ha de cantar, y no he de comprenderle.

Y llevaré, camino en mediodía
De veinte cielos con opuestos soles,
Mi angustia en veinte voces sin mi sangre.

He de llorar mil años sin mi llanto
Y he de dormir mil años sin mis ojos
Noche con veinte pétalos de luna.





TRÓPICO




Amargas lunas mates de estero hechizan, muertas,
Noches de frutos altos y de tácitos vuelos.
Ríos de cocodrilos y de tortugas lentas
Descaman las estrellas de un calcinado cielo.

En urgencia arterial, por roja tierra tibia
Discurre el agua madre de las inundaciones,
Mientras corolas túrgidas como sexos encienden
La lámpara votiva de las insolaciones.

Carnívoros estambres, piedras que encierran astros;
Troncos que se hacen nudo mortal bajo agua quieta;
Peces de aguda voz, aves de mudos rastros.

La Cruz del Sur, guardiana de sus misterios, arde,
Cual cifrando en su acorde de siderales neones
La música del mundo en su primera tarde.





NADIE LE EMPUJA




Nadie le empuja. Nadie lo retiene
Nadie le advierte, nadie le cede el paso ni le espera.

Indiferentes
Le ven pasar con su sentencia
Oculta como un zorro robado en la cintura
Royéndole hasta el hueco de los dientes.

Nadie le impide el paso ni le espera
Porque todos quisieran ser los últimos.

Nadie le toca. Nadie
Le empuja. Llega solo
Llenándose sin nadie del silencio
De todos los que llegaron antes
Tapiándose de nombres olvidados
Y de palabras sin respuesta.

Llega solo.
Nadie le empuja, nadie le retiene
Porque todos quisieran ser los últimos.







Josefina Plá


DÉJAME SER

Deja llevarme mi última aventura.
Déjame ser mi propio testimonio,
Y dar fe de mi propia
Desmemoria.
Déjame diseñar mi último rostro,
Apretar en mi oído los pasos de la lluvia
Borrándome el adiós definitivo.

Déjame naufragar asida
A un paisaje, una nube,
Al vuelo humilde de un gorrión,
A un brote renaciente,
O siquiera al relámpago
Que abra en dos mi último cielo.

Sujétame los brazos.
Engrilla mis tobillos,
Empareda mis párpados.
Pero tatuada una flor en la pupila,
Crucificada un alba debajo de la frente,
Acurrucado un beso en la raíz de la lengua,
Déjame ser mi propio testimonio.







Josefina Plá


SOY

Carne transida, opaco ventanal de tristeza,
Agua que huye del cielo en perpetuo temblor;
Vaso que no ha sabido colmarse de pureza
Ni abrirse ancho a los negros raudales del horror.

¡Ojos que no sirvieron para mirar la muerte,
Boca que no ha rendido su gran beso de amor!
Manos como dos alas heridas: ¡diestra inerte
Que no consigue alzarse a zona de fulgor!

Planta errátil e incierta, cobarde ante el abrojo,
Reacia al duro viaje, esquiva al culto fiel;
¡Rodillas que el placer no hincó ante su altar rojo,
Mas que el remordimiento no ha logrado vencer!

Garganta temerosa del entrañable grito
Que desnuda la carne del último dolor:
¡Lengua que es como piedra al dulzor infinito
De la verdad postrera dormida en la pasión!

Haz de inútiles rosas, agostándose en sombra,
Pozo oculto que nunca abrevó una gran sed;
Prado que no ha podido amansarse en alfombra,
¡Pedazo de la muerte, que no se sabe ver!





Reseña biográfica

Poeta, dramaturga, narradora, ensayista, ceramista, crítica de arte y periodista. Aunque española de nacimiento, su nombre y su obra están totalmente identificados con la cultura paraguaya de este siglo.

Radicada en Asunción desde 1927, Josefina Plá ha dedicado toda su vida a labores artísticas del Paraguay y ha contribuido enormemente a su desarrollo cultural.

Ha incursionado con éxito en todos los géneros y colabora de manera regular en innumerables publicaciones locales y extranjeras.

Como merecido homenaje a su labor de tantos años, en 1981 la Universidad Nacional de su país de adopción le concedió el título de "Doctora Honoris Causa", galardón que se une a muchas otras merecidas distinciones de que ha sido objeto en los últimos años, entre ellas: "Dama de la Orden de Isabel la Católica" (España, 1977), "Mujer del año" (Paraguay, 1977), "Medalla del Ministerio de Cultura de San Pablo" (Brasil, 1979), "Trofeo Ollantay" del CELCIT, por investigación teatral (Venezuela, 1983) y "Miembro Correspondiente de la Real Academia Española de la Historia" (España, 1987). Con más de sesenta años de intensa y fecunda labor creativa y crítica, y más de cincuenta libros publicados hasta la fecha, nos limitaremos a mencionar aquí sólo algunos de los títulos más representativos de su extensa bibliografía. En poesía se destacan El precio de los sueños (1934), su primer libro, La raíz y la aurora (1960), Rostros en el agua (1963), Invención de la muerte (1965), El polvo enamorado (1968), Luz negra (1975) y cuatro poemarios más recientes: Tiempo y tiniebla (1982), Cambiar sueños por sombras (1984), Los treinta mil ausentes (1985) y La llama y la arena (1987). Su producción narrativa incluye algunas colecciones de cuentos, entre ellas: La mano en la tierra (1963), El espejo y el canasto (1981) y La muralla robada (1989). En teatro, es co-autora --con Roque Centurión Miranda-- de varias obras (Episodios chaqueños, 1933; Desheredado, 1942; y Aquí no ha pasado nada, premiada por el Ateneo Paraguayo en 1942) y autora de muchas más, entre ellas: La cocina de las sombras, Historia de un número (1969) y Fiesta en el río, premiada en el concurso teatral de Radio Cáritas (1977).

De su prolífica producción ensayística y crítica más reciente sobresalen: Voces femeninas en la poesía paraguaya (1982), La cultura paraguaya y el libro (1983), En la piel de la mujer (1987) y Españoles en la cultura del Paraguay (1985).













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