Dulce María Loynaz




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LA MUJER DE HUMO




Hombre que me besas,
Hay humo en tus labios.
Hombre que me ciñes,
Viento hay en tus brazos.

Cerraste el camino,
Yo seguí de largo;
Alzaste una torre,
Yo seguí cantando.

Cavaste la tierra,
Yo pasé despacio.
Levantaste un muro
¡Yo me fui volando!

Tú tienes la flecha:
Yo tengo el espacio;
Tu mano es de acero
Y mi pie es de raso.

Mano que sujeta,
Pie que escapa blando.
¡Flecha que se tira!
El espacio es ancho.

Soy lo que no queda
Ni vuelve. Soy algo
Que disuelto en todo
No está en ningún lado.

Me pierdo en lo oscuro,
Me pierdo en lo claro,
En cada minuto
Que pasa... en tus manos.

Humo que se crece,
Humo fino y largo,
Crecido y ya roto
Sobre un cielo pálido.

Hombre que me besas,
Tu beso es en vano.
Hombre que me ciñes:
¡Nada hay en tus brazos!














A la del amor más triste

Tú, que amas un amor fantasma
Y que das un nombre a la niebla,
A la ceniza de los sueños...

Tú, que te doblas sobre ti
Misma como el sauce se dobla
Sobre su sombra reflejada
En el agua... Tú, que te cierras
Los brazos vacíos sobre el
Pecho y murmuras la palabra
Que no oye nadie, ven y enséñame
A horadar el silencio,
A encender, a quemar la soledad...

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Agua escondida

Tú eres el agua oscura
Que mana por dentro de la roca.
Tú eres el agua oscura y entrañable
Que va corriendo bajo la tierra,
Ignorada del sol,
De la sed de los que rastrean la tierra,
De los que ruedan por la tierra.
Tú eres agua virgen sin destino y sin nombre
Geográfico; tú eres la frescura intocada,
El trémulo secreto de frescura, el júbilo secreto
De esta frescura mía que tú eres, de esta agua
Honda que tú has sido siempre,
Sin alcanzar a ser más nada que eso;
Agua negra, sin nombre...
¡Y apretada, apretada contra mí!

Arriba

Amor es


Amar la gracia delicada
Del cisne azul y de la rosa rosa;
Amar la luz del alba
Y la de las estrellas que se abren
Y la de las sonrisas que se alargan...
Amar la plenitud del árbol,
Amar la música del agua
Y la dulzura de la fruta
Y la dulzura de las almas dulces...
Amar lo amable, no es amor.

Amor es ponerse de almohada
Para el cansancio de cada día;
Es ponerse de sol vivo
En el ansia de la semilla ciega
Que perdió el rumbo de la luz,
Aprisionada por su tierra,
Vencida por su misma tierra.

Amor es desenredar marañas
De caminos en la tiniebla:
¡Amor es ser camino y ser escala!
Amor es este amar lo que nos duele,
Lo que nos sangra bien adentro...

Es entrarse en la entraña de la noche
Y adivinarle la estrella en germen...
¡La esperanza de la estrella!

Amor es amar desde la raíz negra.
Amor es perdonar;
Y lo que es más que perdonar,
Es comprender.
Amor es apretarse a la cruz,
Y clavarse a la cruz,
Y morir y resucitar...

¡Amor es resucitar!

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Balada del amor tardío

Amor que llegas tarde,
Tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
Camino llegas a mi soledad?

Amor que me has buscado sin buscarte,
No sé qué vale más:
La palabra que vas a decirme
O la que yo no digo ya.

Amor... ¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
Lejana... -No me des tus rosas frescas;
Soy grave para rosas. Dame el mar.

Amor que llegas tarde, no me viste
Ayer cuando cantaba en el trigal...
Amor de mi silencio y mi cansancio,
Hoy no me hagas llorar.

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Canción del amor olvidado

Para el amor más olvidado
Cantaré esta canción:

No para el que humedece los ojos todavía...
Ni para el que hace ya
Sonreír con un poco de emoción...

Canto para el amor sin llanto
Y sin risa;
El que no tiene una rosa seca
Ni unas cartas atadas con una cinta.

Sería algún amor de niño acaso...

Una plaza gris... Una nube... No sé.

Para el amor más olvidado cantaré.

Cantaré una canción
Sin llamar, sin llorar, sin saber...
El nombre que no se recuerda
Pudo tener dulzura.

Canción sin nombres
Quiero cantarte
Mientras la noche dura.

Cantar para el amor que ya no evocan
Las flores con su olor
Ni algún vals familiar...
Para el que no se esconde entre cada crepúsculo,
Ni atisba ni persigue ni vuelve nunca más.

Para el amor más olvidado
-El más dulce-,
El que no estoy segura de haber amado.

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Canto a la mujer estéril

Madre imposible: pozo cegado, ánfora rota,
Catedral sumergida...

Agua arriba de ti... Y sal. Y la remota
Luz del sol que no llega a alcanzarte. La vida
De tu pecho no pasa; en ti choca y rebota
La vida y se va luego desviada, perdida,
Hacia un lado -hacia un lado-
¿Hacia dónde?

Como la noche, pasas por la tierra
Sin dejar rastros
De tu sombra; y al grito ensangrentado
De la vida, tu vida no responde,
Sorda con la divina sordera de los astros.

Contra el instinto terco que se aferra
A tu flanco,
Tu sentido exquisito de la muerte;
Contra el instinto ciego, mudo, manco,
Que busca brazos, ojos, dientes...
Tu sentido más fuerte
Que todo instinto, tu sentido de la muerte.

Tú contra lo que quiere vivir, contra la ardiente
Nebulosa de almas, contra la
Obscura, miserable ansia de forma,
De cuerpo vivo, sufridor... de normas
Que obedecer o que violar.

¡Contra toda la vida, tú sola!
¡Tú: la que estás
Como un muro delante de la ola!

Madre prohibida, madre de una ausencia
Sin nombre y ya sin término -esencia
De madre-. En tu
Tibio vientre se esconde la muerte, la inmanente
Muerte que acecha y ronda
Al amor inconsciente.

¡Y cómo pierde su
Filo, cómo se vuelve lisa
Y cálida y redonda
La muerte en la tiniebla de tu vientre!

¡Cómo trasciende a muerte honda
El agua de tus ojos, cómo riza
El soplo de la muerte tu sonrisa
A flor de labio y se lleva de entre
Los dientes entreabiertos!

¡Tu sonrisa es un vuelo de ceniza!
-De ceniza del miércoles que recuerda el mañana.
O de ceniza leve y franciscana-.

La flecha que se tira en el desierto,
La flecha sin combate, sin blanco y sin destino,
No hiende el aire como tú lo hiendes,
Mujer ingrávida, alargada... Su
Aire azul no es tan fino
Como tu aire. ¡Y tú
Andas por un camino
Sin trazar en el aire! ¡Y tú te enciendes
Como flecha que pasa al sol y que
No deja huellas ! ¡Y no hay mano
De vivo que la agarre, ni ojo humano
Que la siga, ni pecho que se le
Abra! ¡Tú eres la flecha
Sola en el aire! Tienes un camino
Que tiembla y que se mueve por delante
De ti y por el que tú irás derecha.

Nada vendrá de ti. Ni nada vino
De la montaña, y la montaña es bella.
Tú no serás camino de un instante
Para que venga más tristeza al mundo;
Tú no pondrás tu mano sobre un mundo
Que no amas. Tú dejarás
Que el fango siga fango y que la estrella
Siga estrella.

Y reinarás
En tu reino. Y serás
La unidad
Perfecta que no necesita
Reproducirse, como no
Se reproduce el cielo,
Ni el viento,
Ni el mar...

A veces una sombra, un sueño agita
La ternura que se quedó
Estancada -sin cauce-, en el subsuelo
De tu alma. ¡El revuelto sedimento
De esta ternura sorda que te pasa
Entonces en una oleada
De sangre por el rostro y vuelve luego
A remontar el no
De tu sangre hasta la raíz del río!

¡Y es un polvo de soles cernido por la masa
De nervios y de sangre! ¡Una alborada
Íntima y fugitiva! ¡Un fuego
De adentro que ilumina y sella
Tu carne inaccesible! Madre que no podrías
Aún serlo de una rosa,
Hilo que rompería
El peso de una estrella...

Mas, ¿no eres tú misma la estrella que repliega
Sus puntas y la rosa
Que no va mas allá de su perfume?

Estrella que en la estrella se consume,
Flor que en la flor se queda.

Madre de un sueño que no llega
Nunca a tus brazos. Frágil madre de seda,
De aire y de luz.

¡Se te quema el amor y no calienta
Tus frías manos! ¡Se te quema lenta,
Lentamente la vida y no ardes tú!
¡Caminas y a ninguna parte vas,
Caminas y clavada estás
A la cruz
De ti misma,
Mujer fina y doliente,
Mujer de ojos sesgados donde huye
De ti hacia ti lo eterno eternamente!

Madre de nadie. ¿Qué invertido prisma
Te proyecta hacia dentro? ¿Qué río no negro fluye
Y afluye dentro de tu ser? ¿Qué luna
Te desencaja de tu mar y vuelve
En tu mar a hundirte? Empieza y se resuelve
En ti la espiral trágica de tu sueño. Ninguna
Cosa pudo salir
De ti: ni el bien, ni el mal, ni el amor, ni
La palabra
De amor, ni la amargura
Derramada en ti siglo tras siglo. ¡La amargura
Que te llenó hasta arriba sin volcarse,
Que lo que en ti cayó, cayó en un pozo!

No hay hacha que te abra
Sol en la selva obscura...
Ni espejo que te copie sin quebrarse
-Y tú dentro del vidrio-, agua en reposo
Donde al mirarte te verías muerta.

Agua en reposo tú eres: agua yerta
De estanque, gelatina sensible, talco herido
De luz fugaz
Donde duerme un paisaje vago y desconocido:
El paisaje que no hay que despertar.

¡Púdrale Dios la lengua al que la mueva
Contra ti; clave tieso a una pared
El brazo que se atreva
A señalarte; la mano obscura de cueva
Que eche una gota más de vinagre en tu sed!
Los que quieren que sirvas para lo
Que sirven las demás mujeres,
No saben que tú eres
Eva.

¡Eva sin maldición,
Eva blanca y dormida
En un jardín de flores, en un bosque de olor!
¡No saben que tú guardas la llave de una vida!
¡No saben que tú eres la madre estremecida
De un hijo que te llama desde el sol!

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Cárcel de aire

Red tejida con hilos invisibles,
Cárcel de aire en que me muevo apenas,
Trampa de luz que no parece trampa
Y en la que el pie se me quedó -entre cuerdas
De luz también-, bien enlazado.

Cárcel sin carcelero y sin cadenas
Donde como mi pan y bebo mi agua
Día por día. ¡Mientras allá fuera
Se me abren en flor, trémulos, míos
Aún, todos los caminos de la tierra!

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Conjuro

Cuando revuelvo el brazo
No estrecho, rompo el lazo.

Ya sólo un camino breve
Busco: el que de ti me lleve.

¡Con qué agua te apagaré!
¡Con qué llama te quemaré!

Para cortar tu nudo, ¿qué espada?
Para talarte, ¿qué hacha afilada?

Un muro busco, un muro de granito
Donde se estrelle el mar de tu infinito.

Racimo de octubre, dame un no bebido
Vino que me haga olvidar su olvido.

¡Oh lámpara, apágate si has de alumbrarlo!
¡Rómpete, oh labio, en tierra antes que llamarlo!

He llegado hasta donde nadie pudo llegar.
Si aún vuelvo la cabeza, ¡Dios me vuelva de sal!

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Creación

Y primero era el agua:
Un agua ronca,
Sin respirar de peces, sin orillas
Que la apretaran.
Era el agua primero,
Sobre un mundo naciendo de la mano de Dios.
Era el agua.
Todavía
La tierra no asomaba entre las olas,
Todavía la tierra
Sólo era un fango blando y tembloroso...
No había flor de lunas ni racimos
De islas... En el vientre
Del agua joven se gestaban continentes...
¡Amanecer del mundo, despertar
Del mundo!
¡Qué apagar de fuegos últimos!
¡Qué mar en llamas bajo el cielo negro!
Era primero el agua.

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Criatura de isla

Rodeada de mar por todas partes,
Soy isla asida al tallo de los vientos
Nadie escucha mi voz, si rezo o grito:
Puedo volar o hundirme. Puedo, a veces,
Morder mi cola en signo de infinito.
Soy tierra desgajándome. Hay momentos
En que él me ciega y me acobarda,
En que el agua es la muerte donde floto.
Pero abierta a mareas y a ciclones,
Hinco en el mar raíz roto.
Crezco del mar y muero de él. Me alzo
¡Para volverme en nudos desatados!
¡Me come un mar batido por las alas
De arcángeles sin cielo, naufragados!

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Deseo

Que la vida no vaya más allá de tus brazos.
Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,
Que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
Sin que afuera se queden ni mi sol ni mi sombra.
Que me sean tus brazos horizonte y camino,
Camino breve, y único horizonte de carne;
Que la vida no vaya más allá. ¡Que la muerte
Se parezca a esta muerte caliente de tus brazos!

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Desprendimiento

Dulzura de sentirse cada vez más lejano.
Más lejano y más vago. Sin saber si es porque
Las cosas se van yendo o es uno el que se va.
Dulzura del olvido como un rocío leve
Cayendo en la tiniebla. Dulzura de sentirse
Limpio de toda cosa. Dulzura de elevarse
Y ser como la estrella inaccesible y alta,
Alumbrando en silencio.

¡En silencio, Dios mío!

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Divagación

Si yo no hubiera sido, ¿qué sería
En mi lugar? ¿Más lirios o más rosas?
O chorros de agua o gris de serranía
O pedazos de niebla o mudas rocas.
De alguna de esas cosas -la más fría-
Me viene el corazón que las añora.
Si yo no hubiera sido, el alma mía
Repartida pondría en cada cosa
Una chispa de amor.

Nubes habría
-Las que por mí estuvieran-, más que otras
Nubes, lentas. (¡La nube que podría
Haber sido!)

¿En el sitio, en la hora
De qué árbol estoy, de qué armonía
Más asequible y útil? Esta sombra
Tan lejana parece que no es mía.
Me siento extraña en mi ropaje; y rota
En las aguas, en la monotonía
Del viento sobre el mar, en la paz honda
Del campo, en el sopor del mediodía.

¡Quién me volviera a la raíz remota
Sin luz, sin fin, sin término y sin vía!

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El amor indeciso

Un amor indeciso se ha acercado a mi puerta
Y no pasa; y se queda frente a la puerta abierta.

Yo le digo al amor: -¿Qué te trae a mi casa?
Y el amor no responde, no saluda, no pasa.

Es un amor pequeño que perdió su camino:
Venía ya la noche. Y con la noche vino.

¡Qué amor tan pequeñito para andar con la sombra!
¿Qué palabra no dice, qué nombre no me nombra?

¿Qué deja ir o espera? ¿Qué paisaje apretado
Se le quedó en el fondo de los ojos cerrado?

Este amor nada dice. Este amor nada sabe:
Es del color del viento, de la huella que un ave

Deja en el viento. -Amor semi-despierto, tienes
Los ojos neblinosos aun de Lázaro. Vienes

De una sombra a otra sombra con los pasos trocados
De los ebrios, los locos. ¡Y los resucitados!

Extraño amor sin rumbo que me gana y me pierde,
Que huele las naranjas y que las rosas muerde.

Que todo lo confunde, lo deja, ¡y no lo deja!
Que esconde estrellas nuevas en la ceniza vieja.

Y no sabe morir ni vivir: y no sabe
Que el mañana es tan solo el hoy muerto. El cadáver

Futuro de este hoy claro, de esta hora cierta.
Un amor indeciso se ha dormido a mi puerta.

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El cántaro azul

Al atardecer iré
Con mi cántaro azul al río,
Para recoger la última
Sombra del paisaje mío.

Al atardecer el agua
Lo reflejará muy vago;
Con claridades de cielo
Y claridades de lago.

Por última vez el agua
Reflejará mi paisaje.
La cogeré suavemente
Como quien coge un encaje.

Serán al atardecer
Más lejanas estas cosas...
Más lejanas y más dulces,
Más dulces y más borrosas.

Después, ¡que venga la noche!
Que ya lo tenue del sueño
-De sueño olvidado-
Lo delicado, gris, sedeño
De tela antigua... y lo fino,
Lo transparente de tul,
¡Serán un solo temblor
Dentro del cántaro azul!

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El juego de la muerte

Tu mano dura, rígida, apretando.
Apretando, apretando hasta exprimir
La sangre gota a gota.
Tu mano, garra helada, garfio lento
Que se hunde... Tu mano.
¿Ya?

La sangre...
No he gritado. No lloré apenas.
Acabemos pronto ahora: ¿ves?,
Estoy quieta y cansada.
De una vez acabemos este juego
Horrible de tu mano deslizándose
-¡Todavía!-, suave y fría por mi espalda.

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El miedo

No fue nunca.

Lo pensaste quizás
Porque la luna roja bañó el cielo de sangre
O por la mariposa
Clavada en el muestrario de cristal.
Pero no fue: los astros se engañaron
Y se engañó el oído
Pegado noche y día al muro del silencio,
Y el ojo que horadaba la distancia.
¡El miedo se engañó! Fue el miedo. El miedo
Y la vigilia del amor sin lámpara.
No sucedió jamás:
Jamás. Lo pareció por lo sesgado,
Por lo fino y lo húmedo y lo obscuro.
Lo pareció tal vez de tal manera
Que un instante la boca se nos llenó de tierra
Como a los muertos.
¡Pero no fue! ¡Ese día no existió
En ningún almanaque del mundo!

De veras, no existió... la vida es buena.

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El niño quiere jugar

Para que el niño de los ojos mansos juegue
Arranqué del jardín mis rosas blancas.
Y mis rosas rojas.

Para que juegue con sus hojas
El niño de los ojos mansos
-Obscuros remansos
Donde el alma sueña
Que se ve otra vez
Diáfana y risueña-.

Para que juegue el niño
De cuello de encaje, de capa de armiño...
Como todos los niños
Que se ven en los cuadros:
¡Inocente y cruel como todos los niños!

En esta mañana de luz y fragancia
Corté para el juego del niño que amo
Las más frescas rosas, las rosas de Francia.
Para que el niño juegue, las rosas más blancas.
-¡Última blancura!-
La rosa más pura.

Para que juegue el niño
En esta brillante mañana olorosa,
La rosa más roja.

¡Aún tengo sangre para teñir una rosa!

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El tiempo

1

El beso que no te di
Se me ha vuelto estrella dentro.
¡Quién lo pudiera tornar
-Y en tu boca-, otra vez beso!

2

Quién pudiera como el río
Ser fugitivo y eterno:

Partir, llegar, pasar siempre
Y ser siempre el río fresco.

Es tarde para la rosa.
Es pronto para el invierno.
Mi hora no está en el reloj.
¡Me quedé fuera del tiempo!

4

Tarde, pronto, ayer perdido...
Mañana inlogrado, incierto
Hoy. ¡Medidas que no pueden
Fijar, sujetar un beso!

5

Un kilómetro de luz,
Un gramo de pensamiento.
(De noche el reloj que late
Es el corazón del tiempo...)

6

Voy a medirme el amor
Con una cinta de acero:
Una punta en la montaña.
La otra, ¡clávala en el viento!

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En mi verso soy libre

En mi verso soy libre: él es mi mar.
Mi mar ancho y desnudo de horizontes.

En mis versos yo ando sobre el mar,
Camino sobre olas desdobladas
De otras olas y de otras olas... Ando
En mi verso; respiro, vivo, crezco
En mi verso, y en él tienen mis pies
Camino y mi camino rumbo y mis
Manos qué sujetar y mi esperanza
Qué esperar y mi vida su sentido.

Yo soy libre en mi verso y él es libre
Como yo. Nos amamos. Nos tenemos.

Fuera de él soy pequeña y me arrodillo
Ante la obra de mis manos, la
Tierna arcilla amasada entre mis dedos.
Dentro de él, me levanto y soy yo misma.

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Espejismo

Tú eres un espejismo en mi vía.
Tú eres una mentira de agua
Y sombra en el desierto. Te miran
Mis ojos y no creen en ti.
No estás en mi horizonte, no brillas
Aunque brilles con una luz de agua.
¡No amarras aunque amarres la vida!
No llegas aunque llegues, no besas
Aunque beses. Reflejo, mentira
De agua tus ojos. Ciudad
De plata que me miente el prisma,
Tus ojos... el verde que no existe,
La frescura de ninguna brisa,
La palabra de fuego que nadie
Escribió sobre el muro... ¡Yo misma
Proyectada en la noche por mi
Ensueño, eso tú eres! No brillas
Aunque brilles. No besa tu beso.
¡Quien te amó sólo amaba cenizas!

Arriba

Está bien lo que está

Está bien lo que está:
Sé que todo está bien.
Sé el nexo.
Y la razón.
Y hasta el designio.
Yo lo sé todo,
Lo aprendí en un libro sin páginas,
Sin letras y sin nombre.
Y no soy como el loco
Que se quema los dedos trémulos
Por separar la llama rosa de la mecha negra.
Pasó volando y me rozó la frente.
Era buena la vida:
Había rosas.
Unos minutos antes me había sonreído un niño.
Pasó volando y me rozó la frente.
No sé por dónde vino
Ni por dónde se perdió luego pálida y ligera.
No recuerdo la fecha.
No sabría decir de qué color era ni de qué forma;
No sabría, de veras, decir nada.
Pasó volando -había muchas rosas-
Y era buena la vida todavía.

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Eternidad

En mi jardín hay rosas
Yo no te quiero dar
Las rosas que mañana,
Mañana no tendrás.

En mi jardín hay pájaros
Con cantos de cristal:
No te los doy, que tienen
Alas para volar.

En mi jardín abejas
Labran fino panal
¡Dulzura de un minuto
No te la quiero dar!

Para ti lo infinito
O nada; lo inmortal
O esta muda tristeza
Que no comprenderás.

La tristeza sin nombre
De no tener qué dar
O quien lleva en la frente
Algo de eternidad.

Deja, deja el jardín
No toques el rosal:
Las cosas que se mueren
No se deben tocar.

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Hueles a rosa

Hueles a rosa y se te abre en rosa
Toda el alma rosada:
¿De qué rosal celeste desprendida
Viniste a rozar, rosa, mi alma?
Rosa, lento rosario de perfumes.
Rosa tú eres. Y una rosa larga
Que durará mañana y después de
Mañana.

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La marcha

Camino hacia la sombra.
Voy hacia la ceniza mojada -fango de
La muerte-, hacia la tierra.
Voy caminando y dejo atrás el cielo,
La luz, el amor. Todo lo que nunca fue mío.

Voy caminando en línea recta; llevo
Las manos vacías, los labios sellados.
Y no es tarde, ni es pronto,
Ni hay hora para mí.

El mundo me fue ancho o me fue estrecho.
La palabra no se me oyó o no la dije.
Ahora voy caminando hacia el polvo,
Hacia el fin, por una recta
Que es ciertamente la distancia
Más corta entre dos puntos negros.

No he cogido una flor, no he tocado una piedra.
Y ahora me parece que lo pierdo
Todo, como si todo fuera mío.

¡Y más que el sol que arde el día entero
Sobre ella, la flor sentirá el frío
De no tener mi corazón que apenas tuvo!

El mundo me fue estrecho o me fue ancho.
De un punto negro a otro
-Negro también-, voy caminando.

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Poema XVII

Hay algo muy sutil y muy hondo
En volverse a mirar el camino andado.
El camino en donde, sin dejar huella,
Se dejó la vida entera.

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Poema XXIX

En cada grano de arena hay un derrumbamiento de montaña.

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Poema XXVII

Miro siempre al sol que se va
Porque no sé qué algo mío se lleva.

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Poema XXXVII

Ayer me bañé en el río.
El agua estaba fría y me llenaba el pelo
De hilachas de limo y hojas secas.
El agua estaba fría; chocaba contra mi cuerpo
Y se rompía en dos corrientes trémulas y oscuras.
Y mientras todo el río iba pasando,
Yo pensaba qué agua podría lavarme
En la carne y en el alma
La quemadura de un beso que no me toca,
De esta sed tuya que no me alcanza.
Si dices una palabra más, me moriré de tu voz,
Que ya me está hincando el pecho,
Que puede traspasarme el pecho
Como una aguda, larga y exquisita espada.

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Poema LVII

No te nombro; pero estás en mí como la música en la garganta del ruiseñor
Aunque no esté cantando.

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Poema LVIII

Estoy doblada sobre tu recuerdo como la mujer que vi
Esta tarde lavando en el río.
Horas y horas de rodillas, doblada por la cintura sobre
Este río negro de tu ausencia.

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Poema LXI

En el valle profundo de mis tristezas, tú te alzas
Inconmovible y silencioso como una columna de oro.
Eres de la raza del sol: moreno, ardiente y oloroso
A resinas silvestres.
Eres de la raza del sol, y a sol me huele tu carne quemada,
Tu cabello tibio, tu boca oscura y caliente aún
Como brasa recién apagada por el viento.
Hombre del sol, sujétame con tus brazos fuertes,
Muérdeme con tus dientes de fiera joven,
Arranca mis tristezas y mis orgullos,
Arrástralos entre el polvo de tus pies despóticos.
¡Y enséñame de una vez -ya que no lo sé todavía-
A vivir o a morir entre tus garras!

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Poema CI

La criatura de isla paréceme, no sé por qué, una
Criatura distinta. Más leve, más sutil,
Más sensitiva.
Si es flor, no la sujeta la raíz; si es pájaro, su cuerpo
Deja un hueco en el viento; si es niño, juega
A veces con un petrel, con una nube.
La criatura de isla trasciende siempre al mar que la
Rodea y al que no la rodea.
Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos se
Amansan en su pecho, duermen a su calor
Como palomas.
Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.
Las piedras de la isla parece que van a salir
Volando.
Ella es toda de aire y de agua fina. Un recuerdo de sal,
De horizontes perdidos, la traspasa en cada ola, y
Una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura,
Le estremece la yema de las alas.
Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no
Fuera isla. La isla es, pues, lo menos firme,
Lo menos tierra de la tierra.

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Poema sin nombre

He de amoldarme a ti como el río a su cauce,
Como el mar a su playa, como la espada a su vaina.
He de correr en ti,
He de cantar en ti,
He de guardarme en ti ya para siempre.
Fuera de ti ha de sobrarme el mundo
Como le sobra al río el aire, al mar la tierra,
A la espada la mesa del convite.
Dentro de ti no ha de faltarme
Blandura de limo para mi corriente,
Perfil de viento para mis olas,
Ceñidura y reposo para mi acero.
Dentro de ti está todo; fuera de ti no hay nada.
Todo lo que eres tú está en su puesto;
Todo lo que no seas tú me ha de ser vano.
En ti quepo, estoy hecha a tu medida;
Pero si fuera en mí donde algo falta, me crezco.
Si fuera en mí donde algo sobra, lo corto.

Arriba

Precio

Toda la vida estaba
En tus pálidos labios.
Toda la noche estaba
En mi trémulo vaso.

Y yo cerca de ti,
Con el vino en la mano,
Ni bebí ni bese.

Eso pude: eso valgo.

Arriba

Selva

Selva de mi silencio,
Apretada de olor, fría de menta.

Selva de mi silencio, en ti se mellan
Todas las hachas; se despuntan
Todas las flechas;
Se quiebran
Todos los vientos.

Selva de mi silencio, ceniza de la voz
Sin boca, ya sin eco; crispadura de yemas
Que acechan el sol,
Tras la espera
Maraña verde, ¿qué nieblas
Se te revuelven en un remolino?
¿Qué ala pasa cerca
Que no se vea
Succionada en el negro remolino?

(La selva se cierra
Sobre el ala que pasa y que rueda).

Selva de mi silencio,
Verde sin primavera,
Tú tienes la tristeza
Vegetal y el instinto vertical
Del árbol. En ti empiezan
Todas las noches de la tierra;
En ti concluyen todos los caminos.

Selva apretada de olor, fría de menta.

Selva con tu casita de azúcar
Y su lobo vestido de abuela;
Trenzadura de hoja y de piedra,
Masa hinchada, sembrada, crecida toda
Para aplastar aquella,
Tan pequeña,
Palabra de amor.

Arriba

Si dices una palabra más

Si dices una palabra más,
Me moriré de tu voz,
Que ya me está hincando el pecho,
Que puede traspasarme el pecho
Como una aguda, larga, exquisita espada.

Si dices una palabra más
Con esa voz tuya, de acero, de filo y de muerte;
Con esa voz que es como una cosa tangible
Que yo podría acariciar, estrujar, morder;
Si dices una palabra más
Con esa voz que me pones de punta en el pecho,
Yo caería atravesada, muerta
Por una espada invisible,
Dueña del camino más recto a mi corazón.

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Si fuera nada más

Si fuera nada más que una
Sombra sin sombras; que una íntima
Tiniebla de dentro para fuera.

Si fuera-nada más-, la misma
Tiniebla de hoy, o la de ayer,
O la de todos los días.

Y ninguna cosa más honda
Ni más ardiente ni más fría.

Si fuera como el retorno de un viaje
Cansado, un encontrar la antigua
Casa, la olvidada almohada
Que más blanda parecería.

Si ni siquiera fuera almohada
Ni casa ni sombra ni vía
De retorno o de fuga, ni
Miel que recoger, ni acíbar.

Si sólo fuera -al fin-, un breve
Reintegrarse a la nada tibia.

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Si me quieres, quiéreme entera

Si me quieres, quiéreme entera,
No por zonas de luz o sombra.
Si me quieres, quiéreme negra
Y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
Y morena.
Quiéreme día,
Quiéreme noche.
¡Y madrugada en la ventana abierta!

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda... o no me quieras!

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Siempre, amor

Siempre, amor:
Por arriba del beso
Que fue comida de gusanos
Y de la rosa que se pudre,
Cada mañana azul, en la caja del muerto.
Por arriba mil lunas de este hilo
De baba que en el suelo
Dejó el molusco pálido;
Por arriba del pan mezclado con ceniza,
De la mano crispada junto al hierro.
Siempre, amor... más allá de toda fuga,
De toda hiel, de todo pensamiento;
Más allá de los hombres
Y de la distancia y del tiempo.
Siempre, amor:
En la hora en que el cuerpo
Se libra de su sombra... y en la hora
En que la sombra va chupando el cuerpo.
Siempre, amor. ¡Y estas dos palabras náufragas,
Entre alma y piel clavadas contra el viento!

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Soneto

Quiere el amor feliz -el que se posa
Poco-, arrancar un verso al alma oscura:
¿Cuándo la miel necesitó dulzura?
¿Quién esencia de pomo echa en la rosa?

Quédese en hojarasca temblorosa
Lo que no pudo ser fruta madura:
No se rima la dicha; se asegura
Desnuda de palabras, se reposa.

Si el verso es sombra, ¿qué hace con el mío
La luz? Si es luz... la luz, ¿por qué lo extraña?
¡Quién besar puede, bese, y deje el frío
Símbolo, el beso escrito! ¡En la maraña
Del mapa no está el agua azul del río,
Ni se apoya en su nombre la montaña!

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Yo te fui desnudando

Yo te fui desnudando de ti mismo,
De los "tús" superpuestos que la vida
Te había ceñido.

Te arranqué la corteza -entera y dura-
Que se creía fruta, que tenía
La forma de la fruta.

Y ante el asombro vago de tus ojos
Surgiste con tus ojos aún velados
De tinieblas y asombros.

Surgiste de ti mismo; de tu misma
Sombra fecunda -intacto y desgarrado
En alma viva-.

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