Antonio Machado





Antonio Machado Ruiz

Escritor y poeta




Sevilla - España
26/07/1875 - 22/02/1939





ANOCHE CUANDO DORMÍA




Anoche cuando dormía
Soñé, ¡bendita ilusión!,
Que una fontana fluía
Dentro de mi corazón.

Di, ¿por qué acequia escondida,
Agua, vienes hasta mí,
Manantial de nueva vida
De donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
Soñé, ¡bendita ilusión!,
Que una colmena tenía
Dentro de mi corazón;

Y las doradas abejas
Iban fabricando en él,
Con las amarguras viejas
Blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
Soñé, ¡bendita ilusión!,
Que un ardiente sol lucía
Dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba
Calores de rojo hogar,
Y era sol porque alumbraba
Y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
Soñé, ¡bendita ilusión!,
Que era Dios lo que tenía
Dentro de mi corazón.





CANTARES




Todo pasa y todo queda,
Pero lo nuestro es pasar,
Pasar haciendo caminos,
Caminos sobre el mar.

Nunca perseguí la gloria,
Ni dejar en la memoria
De los hombres mi canción;
Yo amo los mundos sutiles,
Ingrávidos y gentiles,
Como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
De sol y grana, volar
Bajo el cielo azul, temblar
Súbitamente y quebrarse...

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
El camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
Se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
Y al volver la vista atrás
Se ve la senda que nunca
Se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
Sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
Donde hoy los bosques se visten de espinos
Se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
Se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
Se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
Cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
Se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso.





CANTE HONDO




Yo meditaba absorto, devanando
Los hilos del hastío y la tristeza,
Cuando llegó a mi oído,
Por la ventana de mi estancia, abierta.

A una caliente noche de verano,
El plañir de una copla soñolienta,
Quebrada por los trémolos sombríos
De las músicas magas de mi tierra.

Y era el amor, como una roja llama...
-Nerviosa mano en la vibrante cuerda
Ponía un largo suspirar de oro,
Que se trocaba en surtidor de estrellas-.

Y era la muerte, al hombro la cuchilla,
El paso largo, torva y esquelética.
-Tal cuando yo era niño la soñaba-.

Y en la guitarra, resonante y trémula,
La brusca mano, al golpear, fingía
El reposar de un ataúd en tierra.

Y era un plañido solitario el soplo
Que el polvo barre y la ceniza avienta.






A UN OLMO SECO




Al olmo viejo, hendido por el rayo
Y en su mitad podrido,
Con las lluvias de abril y el sol de mayo,
Algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
Que lame el Duero! Un musgo amarillento
Le mancha la corteza blanquecina
Al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
Que guardan el camino y la ribera,
Habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
Va trepando por él, y en sus entrañas
Hunden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
Con su hacha el leñador, y el carpintero
Te convierta en melena de campana,
Lanza de carro o yugo de carreta;
Antes que rojo en el hogar, mañana
Ardas, de alguna mísera caseta
Al borde de un camino;
Antes que te descuaje un torbellino
Y tronche el soplo de las sierras blancas;
Antes que el río hacia la mar te empuje,
Por valles y barrancas,
Olmo, quiero anotar en mi cartera
La gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
También hacia la luz y hacia la vida,
Otro milagro de la primavera.





CANCIONES A GUIOMAR




I

No sabía
Si era un limón amarillo
Lo que tu mano tenía,
O un hilo del claro día,
Guiomar, en dorado ovillo.
Tu boca me sonreía.
Yo pregunté: ¿qué me ofreces?
¿Tiempo en fruto, que tu mano
Eligió entre madureces
De tu huerta?
¿Tiempo vano
De una bella tarde yerta?
¿Dorada ausencia encantada?
¿Copia en el agua dormida?
¿De monte en monte encendida,
La alborada
Verdadera?
¿Rompe en sus turbios espejos
Amor la devanadera
De sus crepúsculos viejos?

II

En un jardín te he soñado,
Alto, Guiomar, sobre el río,
Jardín de un tiempo cerrado
Con verjas de hierro frío.

Un ave insólita canta
En el almez, dulcemente,
Junto al agua viva y santa,
Toda sed y toda fuente.

En ese jardín, Guiomar,
El mutuo jardín que inventan
Dos corazones al par,
Se funden y complementan
Nuestras horas. Los racimos
De un sueño -juntos estamos-
En limpia copa exprimimos,
Y el doble cuento olvidamos.

III

Tu poeta
Piensa en ti. La lejanía
Es de limón y violeta,
Verde el campo todavía.
Conmigo viense, Guiomar;
Nos sorbe la serranía.
De encinar en encinar
Se va fatigando el día.
El tren devora y devora
Día y riel. La retama
Pasa en Sombra; se desdora
El oro de Guadarrama.
Porque una diosa y su amante
Huyen juntos, jadeante
Los sigue la luna llena.
El tren se esconde y resuena
Dentro de un monte gigante.
Campos yermos, cielo alto.
Tras los montes de granito
Y otros montes de basalto,
Ya es la mar y el infinito.
Juntos vamos; libres somos.
Aunque el Dios, como en el cuento
Fiero rey, cabalgue a lomos
Del mejor corcel del viento,
Aunque nos jure, violento,
Su venganza,
Aunque ensille el pensamiento,
Libre amor, nadie lo alcanza.





YO VOY SOÑANDO CAMINOS




Yo voy soñando caminos
De la tarde. ¡Las colinas
Doradas, los verdes pinos,
Las polvorientas encinas!

¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero,
A lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.

En el corazón tenía
La espina de una pasión;
Logré arrancármela un día;
Ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento
Se queda, mudo y sombrío,
Meditando. Suena el viento
En los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
Y el camino se serpea
Y débilmente blanquea,
Se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
Quién te volviera a sentir
En el corazón clavada.





COMO EN EL ALTO LLANO TU FIGURA




¡Como en el alto llano tu figura
Se me aparece!... Mi palabra evoca
El prado verde y la árida llanura,
La zarza en flor, la cenicienta roca.

Y el recuerdo obediente, negra encina
Brota en el cerro, baja el chopo al río;
El pastor va subiendo a la colina;
Brilla un balcón de la ciudad: el mío,

El nuestro. ¿Ves? Hacia Aragón, lejana,
La sierra de Moncayo, blanca y rosa...
Mira el incendio de esa nube grana,

Y aquella estrella en el azul, esposa.
Tras el Duero, la loma de Santana
Se amorata en la tarde silenciosa.





ME DIJO UN ALBA DE LA PRIMAVERA




Me dijo un alba de la primavera:
Yo florecí en tu corazón sombrío
Ha muchos años, caminante viejo
Que no cortas las flores del camino.

Tu corazón de sombra, ¿acaso guarda
El viejo aroma de mis viejos lirios?
¿Perfuman aún mis rosas la alba frente
Del hada de tu sueño adamantino?

Respondí a la mañana:
Sólo tienen cristal los sueños míos.
Yo no conozco el hada de mis sueños;
No sé si está mi corazón florido.

Pero si aguardas la mañana pura
Que ha de romper el vaso cristalino,
Quizás el hada te dará tus rosas,
Mi corazón tus lirios.





AMADA, EL AURA DICE




Amada, el aura dice
Tu pura veste blanca...
No te verán mis ojos;
¡Mi corazón te aguarda!

El viento me ha traído
Tu nombre en la mañana;
El eco de tus pasos
Repite la montaña...
No te verán mis ojos;
¡Mi corazón te aguarda!

En las sombrías torres
Repican las campanas...
No te verán mis ojos;
¡Mi corazón te aguarda!

Los golpes del martillo
Dicen la negra caja;
Y el sitio de la fosa,
Los golpes de la azada...
No te verán mis ojos;
¡Mi corazón te aguarda!





HASTÍO




Pasan las horas de hastío
Por la estancia familiar,
El amplio cuarto sombrío
Donde yo empecé a soñar.

Del reloj arrinconado,
Que en la penumbra clarea,
El tictac acompasado
Odiosamente golpea.

Dice la monotonía
Del agua clara al caer:
Un día es como otro día;
Hoy es lo mismo que ayer.

Cae la tarde. El viento agita
El parque mustio y dorado...
¡Qué largamente ha llorado
Toda la fronda marchita!





ERAN AYER MIS DOLORES




Eran ayer mis dolores
Como gusanos de seda
Que iban labrando capullos;
Hoy son mariposas negras.

¡De cuántas flores amargas
He sacado blanca cera!
¡Oh, tiempo en que mis pesares
Trabajaba como abeja!

Hoy son como avenas locas,
O cizaña en sementera,
Como tizón en espiga,
Como carcoma en madera.

¡Oh, tiempo en que mis dolores
Tenía lágrimas buenas,
Y eran como agua de noria
Que va regando una huerta!
Hoy son agua de torrente
Que arranca el limo a la tierra.

Dolores que ayer hicieron
De mi corazón colmena,
Hoy tratan mi corazón
Como a una muralla vieja:
Quieren derribarlo, y pronto,
Al golpe de la piqueta.





OH, DIME, NOCHE AMIGA




¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja,
Que me traes el retablo de mis sueños
Siempre desierto y desolado, y sólo
Con mi fantasma dentro,
Mi pobre sombra triste
Sobre la estepa y bajo el sol de fuego,
O soñando amarguras
En las voces de todos los misterios,
Dime, si sabes, vieja amada, dime
Si son mías las lágrimas que vierto!
Me respondió la noche:
Jamás me revelaste tu secreto.
Yo nunca supe, amado,
Si eras tú ese fantasma de tu sueño,
Ni averigüé si era su voz o la tuya,
O era la voz de un histrión grotesco.

Dije a la noche: Amada mentirosa,
Tú sabes mi secreto;
Tú has visto la honda gruta
Donde fabrica su cristal mi sueño,
Y sabes que mis lágrimas son mías,
Y sabes mi dolor, mi dolor viejo.

¡Oh! Yo no sé, dijo la noche, amado,
Yo no sé tu secreto,
Aunque he visto vagar ese, que dices
Desolado fantasma, por tu sueño.
Yo me asomo a las almas cuando lloran
Y escucho su hondo rezo,
Humilde y solitario,
Ese que llamas salmo verdadero;
Pero en las hondas bóvedas del alma,
No sé si el llanto es una voz o un eco.

Para escuchar tu queja de tus labios,
Yo te busqué en tu sueño,
Y allí te vi vagando en un borroso
Laberinto de espejos.







Antonio Machado


CUANDO SEA MI VIDA

Cuando sea mi vida,
Toda clara y ligera
Como un buen río
Que corre alegremente
A la mar,
A la mar ignota
Que espera
Llena de sol y de canción.
Y cuando brote en mi
Corazón la primavera
Serás tú, vida mía,
La inspiración
De mi nuevo poema.
Una canción de paz y amor
Al ritmo de la sangre
Que corre por las venas.
Una canción de amor y paz.
Tan solo de dulces cosas y palabras.
Mientras,
Mientras, guarda la llave de oro
De mis versos
Entre tus joyas.
Guárdala y espera.







Antonio Machado


HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

He andado muchos caminos
He abierto muchas veredas;
He navegado en cien mares
Y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
Caravanas de tristeza,
Soberbios y melancólicos
Borrachos de sombra negra.

Y pedantones al paño
Que miran, callan y piensan
Que saben por qué no beben
El vino de las tabernas.

Mala gente que camina
Y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
Gentes que danzan o juegan,
Cuando pueden, y laboran
Sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio
Preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
A lomos de mula vieja.

Y no conocen la prisa
Ni aún en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino,
Donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
Laboran, pasan y sueñan,
Y un día como tantos,
Descansan bajo la tierra.

























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